| “Enculturación del Deporte Venezolano" | |
|
Autor: Máster Jesús Escalante Patiño En el ámbito internacional, a través de distintas Organizaciones Mundiales y Convenios Supranacionales (UNESCO, ONU, Comité Olímpico Internacional, etc.), el Deporte se ha consagrado como una garantía de los Derechos Humanos y un Patrimonio de la Humanidad, eso conlleva a que la Política Deportiva de cada Estado Nación, se ejerza sin fronteras, desigualdades ni discriminación de ninguna naturaleza, mediante la creación de las distintas Instituciones Públicas y/o Privadas representativas de cada país, estimulando con ello, sociedades deportivamente organizadas, en procura de un mayor grado de satisfacción, superación y convivencia social, espíritu de amistad y solidaridad entre las naciones. Derechos humanos y convenios internacionales estos, que están patentizados y garantizados en el artículo 19 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En el ámbito nacional, los artículos 5º y 70 de nuestra Magna Carta Bolivariana, refieren, por un lado, que la soberanía reside intransferiblemente en el Pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, y por el otro lado, a los medios de participación del Pueblo en lo social y económico, cuya sociedad organizada, conllevan a formas institucionales denominadas asociaciones civiles, como Entidades Deportivas (Clubes, Ligas, Asociaciones, Federaciones, Organizaciones etc. ), constituidas con base a exigentes y legítimos procesos administrativos y electorales de conformidad con el ordenamiento jurídico nacional, asimismo, amparadas en principios, valores y desenvolvimiento de actividades propias de su naturaleza deportiva, todo en igualdad de condiciones y oportunidades. Un fenómeno social que experimentamos constantemente en el deporte, es que hablar del deporte venezolano, conlleva a diversidad de criterios muchas veces contradictorios, por cuanto, ha sido un proceso evolutivo adquirido por el contacto cultural con otros países (Transculturación – Aculturación). De hecho en Venezuela, la proporción entre disciplinas deportivas reconocidas formalmente por los Organismos competentes del Estado, propias de nuestra cultura, es insignificante en comparación con las que hemos heredados de otras culturas, y mayormente son adaptaciones sobre otras disciplinas deportivas concebidas en el extranjero, eso me permite interpretar que la dependencia sobre el desarrollo y la promoción deportiva nacional depende absolutamente de organizaciones deportivas internacionales. Es un hecho notorio importante, considerar que en materia deportiva, no se aplica el criterio de que a mayor edad supondría la posibilidad de retirarse del deporte, por cuanto, la experiencia madurada adecuadamente nos conduce a un progreso científico y permanente, que nos proporciona nuevos conocimientos fundamentales para su enculturación, que como proceso social, se desarrolla desde la infancia hasta la adultez, donde puede ser consciente o inconsciente, entendiéndose como: Enculturación “Al proceso mediante el cual una cultura establecida, enseña a un individuo con la repetición de sus normas y valores aceptados" . De tal forma que el individuo pueda convertirse en una persona apta para encontrar su papel apropiado en nuestra sociedad. ¿Por qué es importante reconstruir nuestra propia cultura deportiva? Sólo basta pasearnos por las expresiones comunes de personalidades públicas, que aportan a nuestra cultura erradas expresiones sobre el Deporte, tales como: “Es que se ha actuado deportivamente”, pretendiendo explicar que se ha actuado simple o irresponsablemente sobre algo, o aquella expresión que indica: “Lo importante no es ganar sino competir”, es decir, sólo se justifica nuestra presencia y no el resultado, por lo que resulta muy vergonzoso para todos los deportistas, que alguien que tenga acceso a los medios de comunicación, queriendo lucir un lenguaje cotidiano, exprese tan deprimentes criterios sobre una actividad tan importante para nuestra sociedad como lo es el Deporte, hecho comunicacional éste, que incide negativamente sobre nuestra cultura deportiva a cualquier nivel, expresiones éstas que contradicen otra frase célebre como: “Hacer patria es hacer deporte”, donde hoy día, no me veo involucrado hacer de mi patria de la manera tan irresponsable como las objetas expresiones antes señaladas. Lamentablemente es muy común en nuestra cultura deportiva, “APRENDER DESPUÉS DE”, es decir, nos mentalizamos en el hecho de que una vez que ocupamos otros roles distintos al de Atleta, es a partir de ese momento, cuando nos interesamos por saber e investigar al respecto. Mucho de esto, se encuentra en nuestro caso como Dirigentes Deportivos, cuando sin saber administrar, a través de un complejo proceso electoral, asumimos toda una gama de responsabilidades desconocidas, que antes no despertaba interés para nuestra formación y que nos impide paseamos por la realidad de que el primer legislador de nuestro país es el Dirigente Deportivo, por cuanto, siendo su obligación constituir y administrar las Entidades Deportivas bajo su responsabilidad, deben sancionar y aprobar sus propios Estatutos y Reglamentos, que por extensión de Ley, constituyen leyes, y para eso hay que tener un nivel cultural apropiado. Para poder reencontrarnos con nuestra Cultura Deportiva, hace falta que los que han tenido la honrosa responsabilidad de escribir la historia deportiva de nuestro país, hagan eco de su extraordinaria experiencia y trabajos literarios, y comiencen por generar un nuevo interés en la generación de intelectuales que pronto los relevará, razón por la que hoy lamento, aún no se ha encontrado la fórmula para motivar e incentivar a nuestros deportistas en general a que se familiaricen con la lectura e investigación de una verdadera cultura deportiva en nuestro país, no basada únicamente en una narración de hechos que acontecieron en alguna época sobre alguna competencia o atleta en particular, sino más bien, lo que representa el verdadero contexto cultural deportivo para nuestra sociedad, a decir, su formalidad, su contenido social, legal, administrativo, organizacional, etc. Pues bien, según el Diccionario de la Lengua Española (Vigésima segunda edición) el concepto de Deporte tiene 2 connotaciones distintas: 1. “Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamientos y sujeción a normas”; 2. “Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre”. Es por ello, que sigo considerando hasta mayor entendimiento y madurez, las siguientes percepciones inspiradas en nuestra propia cultura deportiva: Deporte “Ciencia social, ejercida a través de un conjunto de Entidades Deportivas Públicas y Privadas, cuya finalidad se basa en la formación integral del ciudadano en lo físico, intelectual, moral y social”; Deportista “Individuo insertado en el Sistema Deportivo Nacional a través de las respectivas Entidades Deportivas”; Clasificación del Deportista 1.- Practicante (Quien se inicia en la actividad deportiva de su preferencia) 2.- Atleta (Quien ejerce la competencia) 3.- Especialistas (Entrenadores, Árbitros, Jueces, Personal Técnico, Médicos, Periodistas, etc.) 4.- Dirigentes (Administradores Deportivos del Sector Privado) 5.- Autoridades Gubernamentales (Administradores Deportivos del Sector Público) Disciplina Deportiva: “Actividad corporal que permite desarrollar un conjunto de habilidades y destrezas físicas y mentales, cuya metódica práctica requiere de entrenamientos sujetos a reglas, normas, y procedimientos técnicos preestablecidos en sus respectivas entidades deportivas”; Entidad Deportiva: “Institución debidamente acreditada por las autoridades gubernamentales competentes, cuya finalidad primordial es coadyuvar con el Estado a los fines de dirigir, orientar, coordinar, supervisar y evaluar las actividades de la disciplina deportiva de su competencia”; Lo anteriormente señalado, lo fundamento a partir del momento en que el Deporte en nuestro país, se ha elevado a rango constitucional, por ende, se ha consagrado como el deber y obligación por parte del Estado de asumirlo como política de educación y salud pública, dejando en evidencia que no es sólo la práctica de ejercicios metódicos con fines de juego o competición. La continua evolución y exigencia de la extrema capacidad física e intelectual que se requiere del deportista de hoy día, está orientada solo a la formación de un mejor Atleta, desestimándose que se requiere igualmente de un mejor Dirigente y una mejor Autoridad Gubernamental, que en nada pareciera estar cerca de la creencia de que es un simple ejercicio físico, un juego, recreación, pasatiempo, placer o diversión comúnmente ejercida al aire libre. Guardando el sagrado respeto y consideración por El Pleno de los Académicos de la Real Academia Española, que por demás decir, contribuyen a precisar el contenido de nuestro lenguaje, considero que tales conceptos al no estar vigentes en nuestra cultura, no se ajustan a ella, por cuanto, nuestro ordenamiento jurídico, insisto, condiciona que el Deporte se fundamenta en la formación integral del individuo en lo físico, intelectual, moral y social, y no en el simple hecho de ejercitarse, de jugar, recrearse o divertirse. Aunado a lo anteriormente señalado, el Estado venezolano es quien controla el Deporte como política de educación y salud pública, garantizando con ello, su protección mediante la exigencia de estar debidamente Reconocido y Registrado ante las autoridades deportivas gubernamentales competentes, por lo tanto, quien no se encuentre debidamente registrado y reconocido por las autoridades deportivas competentes (Públicas y Privadas) mal podría considerarse como un deportista en nuestro país, que no es lo mismo el expresar ejercicios físicos. La cultura deportiva venezolana, ha contribuido, sin haber sido su intención, ha asentar y divulgar un error en nuestra cultura deportiva, de que el Atleta es el individuo más importante en la escala de responsabilidades del deportista, separando con ello, al “Gran Competidor” de quienes no llegan a serlo, y peor aún, de quienes manteniéndose en el anonimato (compañeros, entrenadores, especialistas , dirigentes, etc.), han sido responsables en su importante formación, eso implica, que orgullosamente, “el Gran Competidor”, es el Producto Final de un equipo de trabajo donde todos los deportistas, sin excepción alguna, estamos involucrados. Es evidente que no pretendo descalificar de modo alguno la importancia que reviste ser un Atleta, sólo que la forma en que hemos concebido nuestro Sistema Deportivo Nacional, nos induce a pensar que no hay más ni mejor deportista que el Atleta, paradigma ésta que contradice lo establecido en los artículos 111 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y el 2º de la Ley del Deporte, referido a formación integral de las personas en lo físico, intelectual, mora y social, a través del desarrollo, mejoramiento y conservación de sus cualidades físicas y morales. El deporte como ciencia social, nos conduce a dos (2) Etapas sucesivas muy importantes en el desarrollo de la vida humana individual y colectiva de nuestra sociedad, 1) la etapa de aprender bien lo que debemos hacer, y 2) la etapa de aplicar nuestro conocimiento y saber aportar nuestras experiencias, con ello, concebir un “Deportista Integral”. La primera etapa tiene implícito la inserción formal de los individuos de nuestra sociedad en el ámbito deportivo, en concordancia con lo establecido en nuestro ordenamiento jurídico, la segunda etapa, referido a la adecuada aceptación de responsabilidades ligadas al rol que se ocupa dentro de nuestra cultura deportiva. Esto significa que nuestra capacidad de aprender y de aportar jamás sería disminuida con la acentuación de la edad, por el contrario, se iría en beneficio de un ciclo perpetuo de grandes herencias conceptuales e intelectuales.
Afortunadamente en la actualidad, las cosas están cambiando en capacitación y oportunidades, estamos sobre un fenómeno de verdadero cambio revolucionario político y social, ya los anónimos estamos saliendo del anonimato, y así, estamos participando con mayor oportunidad y utilidad, y una de las manifestaciones de ese cambio, es la fortaleza del conocimiento del deportista en todos su roles, como en mi caso muy particular, que no quedándome en la simple pretensión, he aprendido a conceptuar y a transmitir criterios por propia iniciativa y convicción, como componente de “mi yo profesional”, que me obliga a una constante readaptación renovadora de nuestra cultura deportiva, que a la vez, me impide convertirme en uno más de nuestros antepasados, es decir, “yo puedo y evoluciono, porque formando parte de mis deseos, lo hago realidad con todo lo que he encontrado, adquirido y transmitido”, y eso se aplica en cualquier deportista interesado en mejorar su condición e importancia para nuestra sociedad, “siendo más útil que importante”, sin que esto desmejore su interés de la importancia que representan sus logros, por cuanto, ser más útil no significa que dejará de ser importante.
“La verdad absoluta sólo aparece cuando alguien defiende una mentira absoluta, de lo contrario, será siempre una simple verdad” JEP. |

