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Martes, 09 Marzo 2010
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El Deporte como Ciencia Social
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Una Reflexión Deportiva

Autor: Jesús Escalante Patiño


"Cuando se administra el Deporte con soberbia, se maneja por capricho". De actuarse con esa premisa, no permite evolucionar conceptos ni unificar criterios vigentes, y lo que es peor aún, se deja de trabajar en beneficio de la comunidad y cultura deportiva de un país, para dar paso a una estresante lucha por el poder, dejando de un lado que todos tenemos igualdad de condiciones y oportunidades, olvidando además, que hemos sido dotados de una vida útil muy limitada ya que no somos eternos, perdiendo la oportunidad de darnos cuenta que nuestro adecuado y oportuno actuar si puede perpetuar el buen resultado de una gestión.

Pues bien, el pensamiento teórico al igual que el sentido común, son dos (2) herramientas muy útiles y necesarias, que sirven para orientarnos hacia la perspectiva diacrónica deportiva, es decir, constituyen la fórmula elemental para reconstruir el lenguaje deportivo que ha perpetuarse en el verdadero sentido de la evolución y procesos históricos del Deporte, sin que nos lleve a una grave contradicción permanente, donde cada uno de los deportistas en sus múltiples facetas (Practicantes, Atletas, Entrenadores, Árbitros, Jueces, Especialistas, Dirigentes, etc.), entendamos más lo que hacemos, a saber: cómo, cuándo, cuánto, dónde, por qué, para qué y por quién hacerlo, como valores que representan la necesidad de resolver el todo en su conjunto y no en sus particularidades.

En la actualidad, en pleno Siglo XXI, me es muy contradictorio que el Deporte no logre consagrarse definitivamente cómo una Ciencia Social, pese a que ha permitido desarrollar técnicas que aportan a reconocidas Ciencias, tales como la medicina, la economía, la sociología, el derecho, la antropología, la historia, la política, etc., y en teorías ampliamente desarrolladas como la Micro y la Macroeconomía, elementos primordiales para que una sociedad evolucione.

En mi investigación y criterio personal sobre la Cultura Deportiva, sigo asombrado como en el presente, supremas autoridades deportivas mundiales, siguen considerando al Deporte como una actividad que forma parte de simples ejercicios físicos, recreación, libre esparcimiento del tiempo o comúnmente denominado "pasatiempo" y no como una Ciencia Social, cuando se sabe hoy día, que para lograr conquistar el éxito en el deporte, se requiere, por lo menos, estar insertado en el sistema deportivo que ha sido constituido para formar y presentar competitivamente el más apto de una sociedad entera, cuyas notorias diferencias, representan nuevos valores no tradicionales que impulsan nuevas formas de entendimiento y entrenamiento disciplinado, bajo normas que regulan la actividad y que producen formas dignas de vivir el deporte, bien sea moral, espiritual y/o materialmente, cualquiera que sea su modalidad olímpica, federada, no federada o profesional, se ejerce de manera voluntaria y sin importar si es de naturaleza remunerada o no remunerada.

Como quiera que se fomente el Deporte, ha llevado innegablemente a construir una nueva y poderosa economía mundial poco cuantificada y valorada, donde todos sin excepción, tenemos acceso, bien sea como consumidores o como productores, convertidos así en la cadena productiva de esa nueva y naciente economía mundial, tan importante como lo es la producida por el petróleo, razones estas, que justifican mi criterio para adversar las simples expresiones: "de ejercicios físicos o pasatiempo", actividades estas, desde mi punto de vista crítico, atribuidas a la recreación y que nada tienen que ver con el Deporte, como de hecho y de derecho en nuestro país así han sido desvinculadas constitucional y legalmente.

Ante esta situación, considero que podemos evolucionar en nuestra propia cultura deportiva, si al igual que demandamos otros derechos universales, unidos exigiéramos de las autoridades deportivas mundiales competentes, el reconocimiento definitivo del Deporte como Ciencia Social, por ejemplo, en nuestro país, al menos, desde el año 1999, ya logramos insertarlo en la sociedad como un Derecho Constitucional, cuyos beneficios han sido incalculables desde todo punto de vista, pero creo que todavía no son suficientes para organizar adecuadamente el deporte en nuestro país.

Aun cuando reconozco que no es una tarea fácil, ni siquiera poseo la capacidad para medir cuándo o cuánto se avanzaría al respecto, es necesario que todos los deportistas venezolanos, es decir, atletas, entrenadores, dirigentes, autoridades deportivas y legisladores, nos pongamos de acuerdo para lograr, por lo menos, la más evolucionada Ley del Deporte ajustada a nuestras propias necesidades y realidades que beneficien una sociedad en pleno, y no aquella que tan sólo defiende intereses particulares, dejando de un lado la importancia que representa el resto de dignos participantes que aportan sus ideas, criterios, proyectos etc., por el simple y absurdo hecho de estar casados con un sólo criterio o punto de vista, sin permitir conceptuar otras experiencias en procura de una adecuada evolución.

Tenemos que entender y aceptar que socialmente, cuando hablamos de Deporte, no existe diferencia entre Alta Competencia o Masificación, Alto Rendimiento o Deporte Para Todos, Extremo o Popular, ni de ninguna otra fórmula concebida o por concebir, ya que siendo programas de promoción y desarrollo, constituyen parte de la forma cultural en que se decide administrar el Deporte en beneficio de una sociedad, por cuanto, cada uno de estos programas están concebidos en su forma individual y autónoma para lograr el mismo objetivo, que no es más que insertar el mayor número de individuos en una sociedad deportivamente organizada.

El Deporte ha crecido tanto mundialmente, que podemos calificar sus actividades como eventos cada vez más espectaculares (Olimpiadas, Campeonatos Mundiales, Continentales, Internacionales, Nacionales, etc.), que incentivan a la mayor cantidad de la población mundial a su práctica, fomento y desarrollo, producto de una maquinaria gubernamental y privada que ha entendido su benéfico potencial, generando con ello una cantidad incalculable de deportistas, fanáticos, especialistas, inversionistas, científicos, instituciones públicas y privadas, infraestructuras e inclusive una naciente industria deportiva muy prospera, donde resulta imposible cuantificar todo el beneficio de imagen, moral, social, intelectual, científico, material, económico y sobre todo cultural que esto produce, que lamentablemente, por estar preocupados por "el éxito individual" de alguien en particular, nos desvía del verdadero sentido de la evolución deportiva y crecimiento global que esto genera.

 

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